Colegio San Agustín
Colegio San Agustín

Carácter Propio del Centro

 

 

  1. Identidad.

 

La familia agustiniana tiene una larga historia educativa y ha desarrollado su actividad en los más diversos ámbitos sociales. Su espíritu y estilo de educar siguen vivos y sintonizan con la sociedad actual y las demandas del mundo contemporáneo.

 

Las dos dimensiones del ser humano según san Agustín, en relación dialéctica de complementariedad, son:

 

Personal

 

En inquieta búsqueda de la verdad, por el camino de la interioridad, para llegar a la trascendencia. «Vuelve a tu corazón y desde él asciende a tu Dios. Si vuelves a tu corazón, vuelves a Dios desde un lugar cercano» (Sermón 311,13).

 

Comunitaria

 

Que se concreta progresivamente en solidaridad-amor-fraternidad, porque «no hay peldaño más seguro para subir al amor de Dios que la caridad del hombre para con los demás» (Las costumbres de la Iglesia católica I, 26, 48).

 

Así, pues, el Centro educativo agustiniano se caracteriza por:

 

  • Un progresivo aprendizaje que conduce al conocimiento siempre creciente de toda la realidad, especialmente del hombre y de Dios.
  • Una sincera y noble apertura a todos los seres humanos para construir una sociedad más fraterna y solidaria.
  • Las dos dimensiones de la antropología agustiniana presuponen las siguientes actitudes:
    • Valoración positiva como persona, para que cada alumno y alumna emprendan con honestidad el camino de la propia realización: “no andes mirando qué tienes, sino quién eres” (Sermón 127, 3) –recuerda san Agustín–, y aceptación esperanzada de uno mismo como principio de superación: “Reconozcamos nuestra imperfección, para merecer la perfección” (Sermón 142,14).
    • Capacidad de diálogo y aceptación mutua en un ambiente de libertad.
    • Cultivo del espíritu crítico como garantía de libertad frente a las opciones totalizadoras de la ciencia, de las ideologías o de la vida.
    • Voluntad de adaptación a los tiempos y de sensibilidad a los problemas de los demás.
    • Clima de cercanía y amistad que favorece el respeto a la persona en su ámbito concreto, abierto siempre a lo comunitario.
    • Vida de fe en Jesucristo, con el que se vive una singular historia de amistad.
    • Testimonio de la propia vida como base de toda pedagogía humana y cristiana.

 

La vida se nos ofrece como don y tarea apasionante de llegar a ser persona. Se trata, por tanto, de un proyecto que va más allá de la adquisición de una cultura y unas habilidades: «La ciencia se debe emplear como un cierto andamio por el que va subiendo la estructura de la caridad, que permanece para siempre, aun después de la desaparición de la ciencia» (Carta 55, 21, 39).

 

 

  1. Objetivos

 

  • Como Centro educativo:

 

  • Lograr la formación integral de la persona mediante el desarrollo armónico de todas sus potencialidades físicas, psicológicas, socioculturales, morales y trascendentes.
  • Desarrollar las aptitudes personales, estimulando la libertad y la responsabilidad, el diálogo, la creatividad y la investigación científica.
  • Fomentar valores de alcance universal como el respeto, la libertad, la paz y la convivencia.
  • Educar progresivamente a los alumnos desde la realidad social, cultural y científica, en relación dialéctica con las formas de vida, costumbres y tradiciones de la sociedad en que se desenvuelven.
  • Globalizar la mirada sobre la realidad social e intentar marcos universales a la hora de enfocar los problemas o de tratar los grandes temas sociales.
  • Afirmar de forma práctica que la interculturalidad representa un espacio moral de encuentro humano y conlleva las exigencias morales de la libertad, el respeto y la complementariedad.
  • Crear hábitos de trabajo personal y en grupo con un marcado espíritu creativo, para afrontar las nuevas situaciones y poder participar en la transformación de una sociedad más humana.
  • Favorecer la enseñanza personalizada para que nuestros alumnos sean ellos mismos los artífices de su propia educación.

 

 

  • Como Centro educativo católico:

 

  • Anunciar explícitamente la persona y el mensaje salvador de Jesús, porque el alumno “necesita en su educación ejemplos, realizaciones y proyectos claros y positivos de sus aspiraciones más nobles como desarrollo de sus capacidades”.
  • Entender la acción educadora como “lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral”, con una atención particular al desarrollo de los conocimientos, actitudes y procedimientos que configuran la dimensión espiritual humana.
  • Acoger a los alumnos en su realidad concreta, conscientes de que son reflejo de los modos de pensamiento y de vida imperantes. La indiferencia, la duda y hasta la incredulidad son fenómenos comunes de toda la juventud contemporánea.
  • Ofrecer a los alumnos un tipo de Centro educativo que, además de garantizar un alto grado de competencia profesional, sea aula de evangelización porque abarca todas las dimensiones del ser humano –también la religiosa–, y sus educadores son testigos de los valores del espíritu y de la presencia de la Iglesia en el mundo de la cultura.
  • Transmitir una educación cristiana que haga posible la experiencia personal y comunitaria de la fe e impartir una enseñanza religiosa escolar de acuerdo con las orientaciones de la Iglesia católica.
  • Formar a nuestros alumnos para que actúen en la vida, individual y colectivamente, según criterios y actitudes evangélicas.
  •  Acompañar en la fe y en la vivencia progresiva de la vida sacramental a los alumnos, profesores, padres de alumnos, tutores legales, personal de administración y servicios y colaboradores –en un marco de libertad religiosa–, sin olvidar la atención, el diálogo y el respeto hacia otras opciones religiosas distintas a la católica.
  • Fortalecer y subrayar la importancia del Departamento de educación en la fe, verdadero núcleo dinamizador de las actividades que encarnan los valores cristianos, las grandes opciones definitorias del Centro y la educación moral de los alumnos en la doble dimensión personal y social. El Departamento de educación en la fe, por tanto, ocupa un lugar central en el organigrama escolar y vela por los programas de pastoral y las acciones explícitas encaminadas a impulsar el proceso dinámico y global de la evangelización.

 

  • Como Centro educativo agustiniano:

 

  • Educar para el estudio, la reflexión y la interioridad con el fin de descubrir las verdades que aportan la ciencia y la técnica, y, con la ayuda de la gracia, encontrar «la verdad eterna donde el Maestro bueno y único instruye a todos sus discípulos» (Confesiones XI, 8,10).
  • Mantener un diálogo permanente entre fe y cultura para llevar a los alumnos a la búsqueda de Dios desde la propia interioridad y como tarea ininterrumpida que ocupará la vida entera. «Busquemos a Dios… Busquemos a quien debemos encontrar y sigámosle buscando una vez encontrado. Está oculto para que le busquemos; y es inmenso para que, aún después de hallado, lo sigamos buscando» (Tratados sobre el Evangelio de San Juan 63, 1).
  • Desarrollar la dimensión humana de la interioridad como lugar privilegiado para la plena humanización y para descubrir a Dios. «Es al hombre interior a quien habla Dios. Los oídos, los ojos, los restantes miembros visibles son morada o instrumento de alguien que mora en el interior» (Sermón 53, 15).
  • Promover dentro de la comunidad educativa la espiritualidad de comunión, que nos convierte a todos en condiscípulos (cf. Tratados sobre el Evangelio de San Juan 16,3; Sermón 270, 1; Sermón 134, 1), que compartimos una verdad común que «no es mía, ni tuya, para que pueda ser tuya y mía» (Comentarios a los Salmos 103, II, 11), unidos a Cristo que se hace camino para llevarnos a la Verdad y a la Vida (cf. Tratados sobre el Evangelio de San Juan 34, 9).
  • Articular la máxima inclusividad y la adecuada flexibilidad del sistema educativo, de modo que sea posible una cultura comunitaria y de acogida como ejercicio de verdadera solidaridad y de atención real a los alumnos con necesidades específicas.
  • Hacer del alumno una persona consciente de sus valores y metas pero nunca desvinculado de los demás, ya que su crecimiento se realiza y desarrolla en la relación con los otros.
  • Iniciar al alumno en la vivencia de la amistad como proceso de apertura a los demás y a la trascendencia.
  • Cuidar la ecología educativa –clima humano, instalaciones materiales, decoración de las aulas…– de modo que los alumnos se sientan felices en su trabajo, en las relaciones con profesores, compañeros y compañeras, personal colaborador y en todas las actividades de la vida del colegio.

 

 

  1. Criterios pedagógicos

 

 

Nuestra propuesta concreta de educación en valores

 

 

Nuestra acción docente y educativa se inspira en una propuesta coherente de valores y expresa una vivencia de actitudes: que nuestros alumnos no sólo aprendan a pensar y a hacer, sino también a ser y a compartir.

La familia agustiniana tiene como emblema un corazón y un libro. Ambos elementos constituyen también el símbolo gráfico de la pedagogía inspirada en el pensamiento de san Agustín. Aprender a ser y a compartir o –formulado de otro modo–, enseñar a pensar y a amar, se presenta como una síntesis genial de la educación agustiniana. El libro y el corazón integrados en una misma imagen.

 

La noble posibilidad del pensamiento y el ejercicio humano del amor consciente. El amor inteligente, la verdad que hace relación al amor, y el amor que hace relación al corazón.

 

Aprender a ser y aprender a compartir es tanto como señalar las dos metas de la pedagogía agustiniana, a las que se llega por el camino de una educación en valores. Seleccionamos así un cuadro concreto de valores agustinianos:

 

Educar en la INTERIORIDAD, la VERDAD y la LIBERTAD RESPONSABLE para aprender a ser.

 

Educar en la AMISTAD, la COMUNIDAD, la JUSTICIA y la SOLIDARIDAD, para aprender a amar y compartir.

 

Frente a la vida vivida en la superficialidad y el pensamiento débil, la escuela agustiniana pretende cultivar las dimensiones humanas más profundas, articulando razón y fe. «Dejemos tiempo a la meditación y al silencio. Recógete en tu interior y aíslate de todo miedo. Vuelve la vista hacia tu interior, donde no hay alboroto ni altercados, donde tienes un retiro tranquilo para tu conciencia… Atiende con calma y serenidad a la verdad para que la entiendas» (Sermón 52, 22).

 

 

Criterios pedagógicos

 

  • Estimular una pedagogía activa, donde el alumno se sienta y sea el protagonista de su aprendizaje, favoreciendo su iniciativa y creatividad. Necesita conocerse, aceptarse, superarse, adquirir la sabiduría de vivir. «El ser humano suele tener en gran estima el conocimiento de las cosas; pero son sin duda más sabios los que anteponen a esos conocimientos el conocimiento de sí mismos » (La Trinidad IV, proemio).

 

  • Favorecer el diálogo respetuoso, libre y riguroso, sin menoscabo de la concordia, porque no se entra en la verdad sino por el amor y la discusión produce la división. La caridad, sin embargo, produce el acuerdo, el acuerdo crea la unidad, la unidad mantiene la caridad, y la caridad conduce a la claridad (cf. Comentarios a los Salmos 30, II, s. 2, 1).

 

  • Fomentar la verdadera libertad que es conquista y cultivo. Se trata de superar aquello que es atadura, lo que impide crecer y salir de sí mismo. «La verdadera libertad consiste en la alegría del bien obrar» (Manual de fe, esperanza y caridad 30, 9).

 

  • Orientar a los alumnos en su trabajo formativo de acuerdo con los siguientes principios:

 

  • La situación real del alumno y su entorno familiar y social como punto de partida.
  • Las posibilidades de su crecimiento y maduración.
  • El interés por el trabajo individual.
  • La capacidad intelectual que le dé acceso al saber y al mundo del trabajo.
  • La dimensión social del proceso educativo: trabajo en grupo, cooperación, solidaridad.
  • El ofrecimiento de unos servicios técnicos adecuados para su orientación vocacional y profesional.

 

  • Proyectar nuestra educación más allá de la actividad académica:

 

  • La formación para el tiempo libre, mediante actividades culturales, deportivas y recreativas.
  • La promoción de grupos y asociaciones en los que se ofrecen respuestas a inquietudes religiosas, sociales y culturales.
  • Influencia en la expansión cultural y social del entorno.
  • Respeto a la naturaleza, la madre tierra y el mundo que nos rodea, con especial preocupación por la diversidad biológica, el consumo razonable y las medidas medioambientales que favorecen la calidad de vida.

 

  • Acercar a los alumnos a la tecnología actual, como un recurso necesario al servicio de la formación personal y de la construcción de la sociedad.

 

  • Concretar en el Proyecto educativo una metodología didáctica abierta, flexible y actualizada, que garantice nuestros principios pedagógicos.

 

  • Verificar y evaluar el nivel de la calidad de enseñanza y la adecuación de nuestra pedagogía a las necesidades de los alumnos y de la sociedad.

 

 

  1. La comunidad educativa

 

La Entidad titular, los profesores, los alumnos, los padres y madres, los tutores legales, el personal de administración y servicios y el personal colaborador, constituyen la comunidad educativa. En esta línea, la integración plena y la participación en la vida de la comunidad educativa es un elemento de identificación con el Carácter propio. Un proyecto que será viable y estimulante en la escuela si cuenta con la confianza y la colaboración del mayor número posible de personas.

 

Aspiramos a que la comunidad educativa llegue a constituirse en auténtica comunidad cristiana, que se caracteriza por una responsabilidad activa en la opción por un proyecto de hombre según el Evangelio y según nuestra identidad agustiniana.

 

Deseamos que la comunidad educativa participe responsablemente en los órganos colegiados que se establezcan.

 

Cuidamos con esmero las relaciones interpersonales entre comunidad religiosa, familia, profesores, educadores, alumnos y personal colaborador, como medio básico para la eficacia de nuestra labor educativa y signo de “responsabilidades compartidas”. «La escuela católica, inspirando su Proyecto educativo en la comunión eclesial y en la civilización del amor, puede contribuir en medida notable a iluminar las mentes de muchos “de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad”».

 

 

 

Entidad titular

 

La Entidad titular de un Centro es la persona física o jurídica que tiene la propiedad de la institución docente y asume los derechos y deberes que emanan de la relación con las administraciones, así como los aspectos contractuales con todo el personal colaborador. En nuestro caso, la Entidad titular es el instituto religioso agustiniano –masculino o femenino– que respalda cada Centro educativo. La Entidad titular representa el órgano máximo de decisión de los Centros.

 

            Establece la identidad del Centro y garantiza los principios que definen el tipo de educación que se ofrece y los criterios de actuación que permiten que éste se realice.

   

Selecciona el profesorado y a otros educadores colaboradores, promueve la acción educativa global del Centro, acepta la responsabilidad última ante la sociedad y favorece un clima de participación escolar que posibilite la colaboración y la corresponsabilidad.

   

Vela por la armonía entre los diferentes estamentos y órganos de gobierno, estimula la coherencia y la calidad de la educación en un clima de libertad responsable.

 

Asume aquellos derechos y deberes que dimanan de las relaciones contractuales con el personal y la Administración.

 

 

Profesores y profesoras

 

La Iglesia alaba como «hermosa y de gran responsabilidad la vocación de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempeñan la función de educar en las escuelas». San Agustín pide a los profesores que se unan a sus alumnos con amor fraterno, paterno y materno a la vez (cf. La Catequesis a principiantes 12, 17). «Pocos católicos tan calificados como el educador para conseguir el fin de la evangelización, que es la encarnación del mensaje cristiano en la vida del hombre».

 

            Son parte fundamental de la comunidad educativa. Se responsabilizan de un modo directo de promover y animar:

       

La acción educativa global del Centro en coherencia con el Carácter propio.

        

La participación a través de los órganos unipersonales y colegiados de los que formen parte.

   

La colaboración coordinada con los demás miembros de la comunidad educativa.

   

La actualización, mediante una formación permanente, para lograr la educación integral de los alumnos.

 

 

Alumnos y alumnas

 

La matriculación en nuestros Centros les obliga a respetar su Carácter propio, así como a colaborar en el Proyecto educativo.

 

            Son los verdaderos protagonistas de su propia educación y participan, gradual y responsablemente, en el desarrollo y crecimiento de la comunidad educativa. Es ya tradición que los profesores, “terminados los estudios de los alumnos, continúen atendiéndolos con sus consejos, con su amistad e incluso con la institución de asociaciones especiales llenas de espíritu eclesial”.

   

Tienen derecho a que la actividad escolar les ofrezca ocasiones de crecer y madurar en todos los aspectos de su personalidad.

  

Se solidarizan con los ideales, el estilo y el Proyecto educativo, e intervienen individual, colectiva y asociativamente en la vida escolar según su capacidad, asumiendo sus derechos y obligaciones.

 

Padres, madres o tutores legales

 

«Es un gran deber engendrar una criatura, alimentar a un recién nacido, educarlo y guiarlo hasta la juventud», reconoce san Agustín (Comentarios a los Salmos 51, 7). Padres, madres o tutores legales son «los primeros y principales  educadores de sus hijos».

 

            Participan en el Centro activamente, facilitando y asegurando la educación integral de los mismos.

  

Contribuyen a mantener y actualizar el tipo de educación que han elegido y que el colegio les ofrece.

 

Las Asociaciones de padres y madres de alumnos de nuestros Centros promueven, dentro de sus competencias, la participación de los progenitores y tutores legales, y orientan sus esfuerzos en la defensa del tipo de escuela que han elegido.

 

Personal de administración y servicios

 

            La estructura y el funcionamiento del Centro requieren la colaboración de otros miembros que no están directamente relacionados con la enseñanza.

   

El personal de administración y servicios contribuye a la buena marcha de la comunidad educativa y aporta su colaboración tanto a la Entidad como a los demás miembros del Centro. Participan en los órganos colegiados del Centro que señalan las leyes y son correlativamente responsables en la acción educativa global.

 

Otros colaboradores

 

La educación integral –o escuela a tiempo pleno–, requiere que el programa escolar se complete con otras actividades extraacadémicas de gran interés educativo. En esta área es muy importante la colaboración de los padres y madres de alumnos y los antiguos alumnos que cooperan activamente en tareas pastorales, de voluntariado, iniciativas de carácter deportivo, cultural, etc.

 

 

  1. Modelo de gestión 

 

Nuestro modelo de gestión es participativo:

 

            Participación activa, coordinada y corresponsable de las diversas personas y grupos que constituyen la comunidad educativa, fundamental para lograr la formación del alumno.

   

Participación abierta a la iniciativa de todos los educadores con sus ilusiones, creatividad y energías al servicio de la labor educativa global del Centro.

   

Participación que se rige por criterios de coherencia con el Carácter propio y el Proyecto educativo, representatividad, corresponsabilidad y subsidiariedad.

       

Los ámbitos y niveles de participación de cada estamento de la comunidad educativa se precisan en el Reglamento de Régimen Interior.

       

El Consejo Escolar –en los niveles sostenidos con fondos públicos– es el órgano de intervención de los distintos estamentos de la comunidad educativa en la gestión del Centro.

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